domingo, 27 de mayo de 2018

El ateísmo impaciente



«Con los ateos coincido en muchas cosas, a menudo casi en todo, salvo en su creencia de que no existe Dios.
En la hoy tan bulliciosa feria de la mercancía religiosa, llena de géneros de todas clases, a veces me parece que con mi fe cristiana estoy más cerca de los escépticos y de los críticos de la religión –ateos o agnósticos– que de mucho de lo que allí se ofrece con tanta impertinencia.
Con cierto tipo de ateos puedo compartir la percepción de la ausencia de Dios en el mundo.
Considero, sin embargo, su interpretación de ese fenómeno como demasiado apresurada: Como una expresión de impaciencia. También me oprime a menudo el silencio de Dios y el peso de la lejanía divina.
Me doy cuenta de que el carácter ambivalente del mundo y la multitud de paradojas de la vida también permiten explicar el ocultamiento de Dios con frases como 'Dios ha muerto'. Pero puedo encontrar aun otras interpretaciones posibles de la misma experiencia y otra actitud con respecto al 'Dios ausente'.
Conozco tres formas de paciencia (profundamente interconectadas) frente a la ausencia de Dios: Se llaman Fe, Esperanza y Caridad.»

Tomáš Halík, (Paciencia con Dios)

Ciao.

sábado, 26 de mayo de 2018

Valorar la vida es...


VALORAR LA VIDA es mirar con ojos de alegría, cada lágrima de un ser humano.

VALORAR LA VIDA radica en vivir el presente, es estar consciente de nuestra existencia, dar las gracias a Dios por existir aún por los problemas, aunque estos sean muy fuertes, así nuestro carácter o forma de ser se amolda a lo que le conviene a la naturaleza y no en favor de nuestros pensamientos egoístas, exigiendo a la vez el respeto que merecemos.

VALORAR LA VIDA es tener el valor de superar dificultades, de ser sinceros con nosotros mismos. Observa la naturaleza, ella da sin pedir nada a cambio, un ave por ejemplo no se lamenta toda la vida porque su nido fue destuído, no ella sólo comienza otra vez, tampoco escuchamos criticar a las plantas unas a otras, eso lo invento el ser humano para esconder sus propias fallas.

VALORAR LA VIDA es aprender a levantarte cuando has caído, porque sabes que eres Dios mismo si, Él esta dentro de ti, en la naturaleza, somos parte de Él.
¡Que egoístas somos al no valorar la vida, es no valorar a Dios!

DIOS creó a este y  a ese ser humano que eres tu, porque somos ùnicos en la creaciòn.

AMARTE A TI MISMO ES AMAR A DIOS Y A TODA LA CREACIÓN

Ciao.

viernes, 25 de mayo de 2018

Ser o tener



Se diría que el viejo Séneca acababa de de salir de unos de nuestros grandes almacenes el día que dijo: “Compra solamente lo necesario, no lo conveniente. Lo innecesario, aunque cueste sólo un céntimo, es caro”. 
Y es que todos de algún modo somos víctimas de un consumo compulsivo.
Aparte de fenómeno de huida, evasión, escape de la soledad o de adquirir imagen, lo que solemos ignorar es que este comportamiento oculta un peligro mucho más serio. Porque olvidamos que la idea dominante, consciente o inconsciente, que hay detrás de este fenómeno del consumo desbocado, que caracteriza a nuestra sociedad, es siempre la misma:Tener es igual a poder. O “tanto tienes, tanto eres”. 
La gente no se fija en la profundidad de tu mirada, el valor de tus palabras, en tu capacidad de ternura y comprensión. Te mira la apariencia, el traje, el modelo de coche y hasta la marca del móvil. Por la misma razón, por ejemplo, se nos produce un rechazo ya por la vestimenta, el color de la piel o el estatus económico. Esto explica el que nos apartemos casi instintivamente del roce de un inmigrante o un mendigo, sin apenas haber conversado con ellos.

Erich Fromm denunció en sus excelentes libros que, para dominar a otros seres humanos, necesitamos usar el poder con el fin de doblegar su resistencia. Y que para mantener el dominio sobre la propiedad privada necesitamos ejercer dicho poder para protegerla de los que quisieran quitárnosla, porque ellos, como nosotros, nunca tienen bastante; el deseo de tener propiedades privadas produce el deseo de usar la violencia para robar a otros de manera abierta u oculta.
En esta peligrosa órbita del “tener”, nuestra felicidad depende de nuestra superioridad sobre los demás, de nuestro poder, y en último término, de nuestra capacidad para conquistar, robar y matar. De aquí que tal ansia acabe por engendrar violencia.
Por el contrario desde la mentalidad de los que se preocupan por “ser”, la dicha depende de amar, compartir y dar. Es gratis, y hoy día lo gratuito no está de moda.
Las preguntas son: ¿Por qué compramos de forma compulsiva? ¿Qué nos lleva a pasar tanto tiempo en esos santuarios laicos que son los grandes almacenes? ¿Se trata de una conducta patológica o de un auténtica necesidad? ¿Qué mueve a los jóvenes a vivir subyugados por las marcas en vez de la bondad del producto? ¿Qué esperanza tenemos de curación de esta especie de enfermedad colectiva?
Por una parte el problema nos plantea un círculo vicioso: Nuestra sociedad, basada en la economía neoliberal, necesita del comercio para subsistir y nos envuelve en la burbuja de la publicidad hasta atraparnos y crearnos falsas necesidades. Por ejemplo, nos comen los coches, pero reducir la producción del automóvil dispararía el paro y la inflación.
Por otra parte, este esquema nos está destruyendo como sociedad contaminado el planeta y lo que es peor olvidando una sana ecología espiritual, que partiría de una educación en valores más que en la carrera por el dinero a la que lanzamos sin pudor a nuestros hijos.
El resultado es que la gente, embotados sus sentidos, se pierde lo mejor de la vida.
O como decía José Ortega y Gasset: “Algunas personas enfocan su vida de modo que viven con entremeses y guarniciones. El plato principal nunca lo conocen”.
Sólo cierto ayuno permite despertar de este engaño colectivo, la locura del tener frente a la alegría del ser, que nos hace personas.

Pedro Miguel Lamet

Ciao.

jueves, 24 de mayo de 2018

¡No te rindas!


Sigue echando las redes. 
En lugar de estar esperando. En lugar de vivir a medias. En lugar de ceder al desánimo.
Porque tienes sueños, deseos, inquietudes. Porque crees en quien te invita a intentarlo.
Echa  las redes para ver si con la pesca se pueden alimentar las ilusiones y  los días. Toma iniciativas. Acomete proyectos. Comparte ideales. Abraza y déjate abrazar.
¡Echa las redes! ¡No te rindas!

Pastortal SJ

Ciao.

miércoles, 23 de mayo de 2018

Gente crítica


Una reflexión necesaria, de Borja Riestra Marín sobre la gente crítica hoy en día. En este mundo no basta con protestar...

Si educar es formar a una persona, de manera que llegue a ser lo mejor que ella misma puede llegar a ser, parece claro que como sociedad debemos tomarnos en serio la educación.
Las instituciones deben ofrecer un sistema fuerte, que permita que todas las personas logren formarse y llegar a sacar lo mejor de sí mismas. 
Si uno trabaja en el ámbito de la educación, sabrá bien los conflictos que ha habido de leyes en los últimos años, en donde dependiendo del partido de turno aparecía una ley diferente.
Y uno se pregunta cómo existen posturas tan enfrentadas en cuanto a políticas educacionales, y para cuándo una ley conjunta de todos los partidos políticos.
El consenso parece difícil, cuando no es por el modo de educar, entran en juegos los idiomas; si no es la ética que tratamos de enseñar, sí que lo que es la religión que se debe impartir; por no hablar de si es privada, pública o concertada. Toda la sociedad cree necesario un acuerdo en materia de educación, pero nadie da su brazo a torcer, o nadie cree que existe un término medio.

Relacionado con esto, he leído recientemente una noticia que se pregunta: “¿Convendría una asignatura de pensamiento crítico?” Se pregunta el artículo sobre la necesidad de asignaturas, que mucho más que aprender ciertos contenidos, ayuden en el complejo quehacer de la vida.
Y uno se pregunta cómo no van a ser necesarias asignaturas que nos hagan pensar, que nos ejerciten en el dominio del saber discernir, del saber diferenciar lo bueno de lo malo, lo mejor de lo menos bueno, para elegir, y para elegir bien.
Critica el periodista que la filosofía ya cumplía esta función, y es verdad. Pero ahora ¿Qué debemos ofrecer?, ¿Cómo podemos hacer un plan educativo en el que no sólo formemos personas competentes para ciertos trabajos, sino que formemos personas bien estructuradas por dentro, que además de realizar un trabajo, sean capaces de saber lo que sucede a su alrededor y buscar el bien común?.

Y me pregunto si estamos dispuestos a que verdaderamente la sociedad sea crítica. Cuando los ciudadanos lo son, lo lógico es que haya multitud de opiniones, lo más normal es que haya personas que piensan distinto. Y crítico aquí no es el criticón, el que ve todos los problemas de la realidad. Eso resulta muy fácil. Crítico es el que propone, el que no se conforma, el que los entiende… Y el que hasta es capaz de querer la diferencia y sabe apreciarla. Creo que eso hablaría de nuestra madurez como sociedad, saber convivir en el desacuerdo, entender las diferentes posturas, para no pensar como dice un amigo en tono de broma, que lo que le gusta a él es discutir con gente que piensa lo mismo.

Borja Riestra, SJ

Ciao.

martes, 22 de mayo de 2018

Carta de un profesor jubilado



La carta del profesor jubilado es aplaudida por muchas personas  ¿Estás de acuerdo?

La mayoría de las personas tiene una opinión sobre el sistema escolar y la educación de los niños.
Un profesor jubilado escribió esta carta al periódico para por fin decir su opinión.

Esto fue lo que escribió el profesor:
Como maestro jubilado, estoy cansado de todas las personas que no saben nada sobre las escuelas públicas, y que no han estado en un salón recientemente, o que creen que pueden arreglar nuestro sistema educativo.
¡Los maestros no son el problema! Son los padres los que son el problema. Ni le enseñan a los niños buenos modales ni les enseñan lo que es el respeto – los niños ni siquiera tienen un conocimiento general de cómo llevarse bien con otras personas.
Los niños vienen a la escuela con zapatos que cuestan más que la ropa del maestro – al mismo tiempo que ni siquiera tienen papel o lápiz para la clase.
Cuando uno habla de colegios que han “fallado”, miren a los padres y a los niños.
¿Los padres van a las reuniones de padres? ¿Hablan regularmente con los profesores? ¿Se aseguran de que los niños estén preparados y tengan el equipo necesario? ¿Se aseguran de que los niños hagan su tarea? ¿Tienen un número de teléfono que funciona?
¿Los estudiantes toman notas en clase? ¿Hacen sus deberes? ¿Escuchan en las lecciones o el alumno es uno de los que molesta y destruye a los demás?
Cuando hayas mirado estos factores entiendes que no son las escuelas las que han fracasado, sino los padres.
Los maestros no pueden hacer tanto su trabajo como el de los padres.
¡Hasta que los padres no hagan su trabajo no va a mejorar!

Ciao.


lunes, 21 de mayo de 2018

¿Y tú, quién eres?


Cuantas veces nos ha tocado responder esta pregunta, que en principio nos parece tan fácil. Sin embargo, solemos responder con la profesión, los años, estado civil, etc. Pero la pregunta y respuesta son mucho más profundas.
Tal vez esta meditación de Jerónimo Nadal nos ilumine para responder:
“Considera y pregunta a cada una de las criaturas:
¿Tú quién eres?
Todas y cada una responden: Yo no soy Dios.
¿Quién eres en realidad?
Una voz que clama, una huella de Dios, una vida en Dios, una luz de Dios.
Pero, para oír esa voz, tienes que retirarte al desierto de tu corazón, donde nada de afecto vano o imperfecto se encuentre; allí la sentirás, y también a Dios, que habla en la criatura, es decir, una significación de Dios en el corazón por su criatura”. (Escritos esenciales de los primeros compañeros. GEI)
Pidamos a Dios que nos ilumine para poder responder.  ¿Y tú, quién eres?

Espiritualidad Ignaciana

Ciao.