viernes, 23 de junio de 2017

Comenzar por casa



¿Amarse a sí mismo es egoísmo? En realidad, solo podremos hacer felices a los demás en la medida en que nosotros lo seamos. Y ser feliz es, en buena parte, estar libre de sufrimientos.

A la primera observación del misterio humano, saltarán a nuestros ojos una serie de evidencias como éstas: Los amados aman. Sólo los amados aman. Los amados no pueden dejar de amar. Sólo los libres liberan, y los libres liberan siempre. Un pedagogo modelo de madurez y estabilidad hace de sus discípulos seres estables y maduros, y esto sin necesidad de muchas palabras. Lo mismo sucede con los padres respecto de sus hijos. Y, por el contrario, un pedagogo inseguro e inhibido, aunque tenga todos los pergaminos doctorales, acaba envolviendo a sus discípulos en un halo de inseguridad.

Es tiempo perdido y pura utopía el preocuparse por hacer felices a los demás si nosotros mismos no lo somos. Los que sufren hacen sufrir. Los fracasados necesitan molestar y lanzar sus dardos contra los que triunfan. Los resentidos inundan de resentimiento su entorno vital. Sólo se sienten felices cuando pueden constatar que todo anda mal, que todos fracasaron. El fracaso de los demás es un alivio para sus propios fracasos; y se compensan de sus frustraciones alegrándose de los fracasos ajenos y esparciendo a los cuatro vientos noticias negativas, muchas veces tergiversadas y siempre magnificadas.
Una persona frustrada es verdaderamente temible. Los sembradores de conflictos, en la familia o en el trabajo, siendo perpetuamente espina y fuego para los demás, lo son porque están en eterno conflicto consigo mismos. No aceptan a nadie porque no se aceptan a sí mismos. Siembran divisiones y odio a su alrededor porque se odian a sí mismos.

Es tiempo perdido y pura utopía el preocuparse por hacer felices a los demás si nosotros mismos no lo somos; si nuestra trastienda está llena de escombros, llamas y agonía. Hay que comenzar, pues, por uno mismo. Sólo haremos felices a los demás en la medida en que nosotros lo seamos. La única manera de amar realmente al prójimo es reconciliándonos con nosotros mismos, aceptándonos y amándonos serenamente. No debe olvidarse que el ideal bíblico se sintetiza en “amar al prójimo como a sí mismo”. La medida es, pues, uno mismo; y cronológicamente es uno mismo antes que el prójimo.

La única manera de amar realmente al prójimo es reconciliándonos con nosotros mismos, aceptándonos y amándonos serenamente.Ya constituye un altísimo ideal el llegar a preocuparse por el otro tanto como uno se preocupa por sí mismo. Hay que comenzar, pues, por uno mismo. Al respecto, no faltarán quienes arguyan alegremente: eso es egoísmo. Afirmar esto, sin mayores matizaciones, no deja de ser una superficialidad. Evidentemente, no estamos propiciando un hedonismo egocéntrico y cerrado. Si así fuera, estaríamos frente a un enorme equívoco, que podría resultarnos una trampa mortal.

Efectivamente, buscarse a sí mismo, sin otro objetivo que el de ser feliz, equivaldría a encerrarse en el estrecho círculo de un seno materno. Si alguien busca exclusiva y desordenadamente su propia felicidad, haciendo de ella la finalidad última de su existencia, está fatalmente destinado a la muerte, como Narciso; y muerte significa soledad, esterilidad, vacío, tristeza. En sus últimas instancias, el egoísmo avanza siempre acompañado e iluminado por resplandores trágicos; egoísmo es igual a muerte, es decir, el egoísmo acaba siempre en vacío y desolación.

Ser feliz quiere decir, concretamente, sufrir menos. En la medida en que se secan las fuentes de sufrimiento, el corazón comienza a llenarse de gozo y libertad.Estamos hablando, pues, de otra cosa. Mi propuesta es dejar al hombre en tales condiciones que sea verdaderamente capaz de amar; y sólo lo será —volvemos a repetirlo— en la medida en que él mismo sea feliz. Y ser feliz quiere decir, concretamente, sufrir menos. En la medida en que se secan las fuentes de sufrimiento, el corazón comienza a llenarse de gozo y libertad. Y sentirse vivo ya constituye, sin más, una pequeña embriaguez; pero el sufrimiento acaba bloqueando esa embriaguez.

Después de todo, no queda otra disyuntiva sino ésta: agonizar o vivir. El sufrimiento hace agonizar al hombre. Eliminando el sufrimiento, el ser humano, automáticamente, recomienza a vivir, a gozar de aquella dicha que llamamos vida. En la medida en que el hombre consigue arrancar las raíces de las penas y dolores, sube el termómetro de la embriaguez y del gozo vital. Vivir, sin más, ya es ser feliz.

Si conseguimos que la gente viva, la fuerza expansiva de ese gozo vital lanzará al hombre hacia sus semejantes con esplendores de primavera y compromisos concretos. Vámonos, pues, lenta pero firmemente tras esa antorcha. En el camino salvaremos los escollos uno por uno, y caerán las escamas. Y, desde la noche, irá emergiendo palmo a palmo una figura hecha de claridad y alegría: el hombre nuevo que buscamos, reconciliado con el sufrimiento, hermanado con el dolor, peregrino hacia la libertad y el amor.

Tomado del libro “Del sufrimiento a la paz”, de Ignacio Larrañaga.

Ciao.

jueves, 22 de junio de 2017

Los tiempos del verano


Después de un intenso curso, para los que contamos los años acudiendo al calendario escolar, el tiempo de verano nos brinda una oportunidad para profundizar en aspectos de nuestra vida que la actividad diaria, a veces un poco desenfrenada, no nos permite.
Las vacaciones pueden ser un momento para acordarnos del relato del Génesis. Dios Padre, después de finalizar su obra y ver que era muy buena, al séptimo día, descansó. Podemos convertir nuestro tiempo estival en ese séptimo día que nos ayuda a contemplar lo realizado durante el año y ver que “ha sido muy bueno”.

Quizá, por miedo a caer en la vanagloria, no nos paramos a contemplar lo que hacemos, pero hemos de dar gracias a Dios, no sólo por lo que hacen los demás sino también por lo que nosotros mismos hacemos, porque así contribuimos al plan de Dios. Todos hacemos cosas buenas. El verano puede ser un tiempo para volver la vista atrás y hacer balance del año, comenzando siempre por dar gracias.

Este tiempo que ahora comenzamos nos lleva de la mano a un ritmo distinto. El comienzo puede ser para parar y descansar, recuperar horas de sueño y, sobre todo recuperar una mirada que vaya más allá de lo inmediato. Esa mirada que nos ayuda a fijarnos en lo bueno de nuestra vida, en tanto bien recibido este año y a lo largo de nuestra vida.

El verano es también tiempo de profundidad. En ese bucear en lo profundo puede ayudarnos la contemplación de la naturaleza. La playa con sus atardeceres, el monte con tanta variedad de vida, el campo que prepara sus frutos para la cosecha… Nos hablan de la presencia misteriosa de Dios en su creación.

El verano, si lo vivimos con generosidad, puede ser también tiempo para los reencuentros. Podemos recuperar relaciones con amigos o familiares que las prisas del año han ido erosionando. Una buena conversación por la mañana con un buen café o por la noche mientras compartimos la mesa, son regalos que nos traen este tiempo.

Y el verano, además, puede ser tiempo para reencontrarnos con Dios. Hemos de partir de la máxima ignaciana “buscar y hallar a Dios en todas las cosas” y saber que todo lo anterior podemos vivirlo como búsqueda y relación con el Señor. Sin embargo, podemos encontrar en las vacaciones tiempos privilegiados para la celebración tranquila de la Eucaristía y para la oración personal. Oración que podemos hacer paseando, o contemplando el paisaje, leyendo la Palabra de Dios o en el silencio de nuestra habitación…

El verano es tiempo de reencuentro. Reencuentro con uno mismo, con los amigos y familiares y con el Señor que nos da, un año más, el regalo de parar y cambiar de ritmo. Escuchemos su voz que nos dice también a nosotros: «Venid vosotros a solas a un lugar desierto a descansar un poco». (Mc.6, 31).

Antonio Bohórquez, SJ

Ciao.

miércoles, 21 de junio de 2017

No hay excusa



(Un amigo me mandó esto)

La próxima vez que sientas que Dios no puede usarte, solo recuerda…

NOÉ estaba borracho…

ABRAHAM era muy viejo…

ISAAC era un soñador…

JACOB era un mentiroso…

LEA era fea…

JOSÉ se aprovecharon de él…

MOISÉS no podía hablar…

GEDEÓN tenía miedo…

SANSÓN tenía el cabello largo y era un mujeriego…

¡RAAB era una prostituta!

JEREMÍAS y TIMOTEO eran muy jóvenes…

DAVID tuvo una aventura y era un asesino…

ELÍAS era suicida…

ISAÍAS predicó desnudo…

JONÁS huyó de Dios…

NOEMÍ era viuda…

JOB se fue a la bancarrota…

JUAN el Bautista comía insectos…

PEDRO negó a Cristo

LOS DISCÍPULOS se quedaron dormidos mientras que Él oraba…

MARTHA se preocupaba por todo…

MARÍA MAGDALENA estaba poseída por demonios…

La MUJER SAMARITANA era divorciada… ¡más de una vez…!

ZAQUÉO era un bajito…

PABLO era muy religioso…

TIMOTEO tenía una úlcera… Y

¡LAZARO ESTABA MUERTO!

…Ya no hay más excusas. Dios está esperando para usar tu potencial completo.

Ciao.

martes, 20 de junio de 2017

6 consejos geniales para aprender a hacerlo bien


¿Rezas mecánicamente? 6 consejos geniales para aprender a hacerlo bien.

Si a ti al igual que a mí, te llama profundamente la atención, incluso te incomoda un poco, ver a tanta gente compartiendo fotos, cadenas de oración y hashtags del tipo #PrayForJuanito y te preguntas: ¿Será que esta gente realmente reza o solo comparte una imagen? Y después de unos minutos te vuelves a preguntar: ¿Será que rezaron por todas las otras tragedias que han ocurrido desde hace años con las mismas ganas con las que lo hacen ahora?
Te invito a tomar aire, tranquilizarte un poco y juntos mirar con calma esta situación.  Hay algo bueno detrás de todo esto. El Señor siempre se aprovecha de lo que ocurre a nuestro alrededor para darnos una lección.

Te propongo una tesis: La gente en general (creyentes, practicantes, observantes, católicos de palabra, etc.) creen en la efectividad de la oración y creen que si elevan alguna plegaria a Dios, ésta tendrá efectos en los destinatarios.
Sabemos que la oración no consiste en enviar buenas vibras para que el cosmos se ponga a favor de alguien o que los astros se alineen generando las condiciones necesarias para que ocurra algo. Creemos que nuestra oración a Dios tiene efectos reales que afectan la vida de los demás, incluso creemos que Dios puede cambiar las situaciones si rezamos pidiendo por ellas. Eso es un signo esperanzador. Las personas siguen creyendo en el poder de la oración. Nadie puede negar que esto es un don.

¿Qué te parece si tomamos ese salvavidas que nos regala el Señor y aprovechamos la oportunidad de aprender, enseñar y motivar en la práctica de la oración? ¿Qué te parece dejar de ser parte de la policía de Facebook que critica a todo el mundo (como lo hago yo), y ser más bien de los pastores de Facebook que toman las buenas intenciones y las convierten en santas intenciones? 

Aquí te dejamos algunas reflexiones con respecto a esto:

1. Incluso en quienes menos lo esperamos, hay fe. Aprendamos a distinguirlo:

En el mundo hay fe. Dios se manifiesta en la vida de las personas, incluso en la de aquellos en los que nosotros no tenemos puestas nuestras expectativas espirituales y que no etiquetaríamos en los afiches de nuestros eventos evangelizadores. El Señor es bueno y pone en sus corazones la intención de rezar. Aunque se quede en la intención, esto ya es un primer paso, un paso positivo.

2. Dios no quiere el sufrimiento en ninguna de sus formas:

No podemos culpar a Dios por las cosas que los hombres hacemos mal y nadie puede decir que Dios permite que pasen estas cosas para que nosotros aprendamos una lección. Dios no quiere las tragedias, y quizás sufre más que nosotros. Estos momentos (no deseados por Él ni por nadie) son oportunidades de encuentro y de conversión.
"Dios no ha venido a suprimir el sufrimiento. Ni siquiera ha venido a explicarlo. Ha venido a llenarlo con su presencia. Quedan muchas cosas oscuras; pero hay una cosa, al menos, que no podemos decirle a Dios: ‘Tú no sabes lo que es sufrir’ ".Paul Claudel

 3. No dejemos que se acabe el impulso:

Ver tanta gente motivada, inspirada y conmovida es un tremendo impulso de oración, y aunque muchos realmente no se hayan detenido a hacer una plegaria real, podemos aprovechar su intención y seguir animándolos. La oración no es una campaña que tiene una fecha de término: Es una forma de relacionarnos con Dios y estas “campañas” pueden ser el momento de inicio de esa relación para muchos. Aprovechemos la oportunidad, aprendamos y enseñemos a rezar.

4. Visibilicemos al invisible:

Muchos han aprovechado para visibilizar otras situaciones terribles argumentando que ocurren desde hace mucho tiempo y que nadie rezaba por ellas, pero lo hacen de forma incómoda, morbosa, haciendo que no den ganas de rezar. El Apóstol en su rol de profeta, anuncia y denuncia. Valgámonos de estas oportunidades y sigamos mostrando el rostro sufriente de Cristo, no solo para informar, sino para ayudar a los demás a comprender que nuestra oración como Iglesia es importante. El Señor espera que nos sumemos a esta batalla espiritual con una actitud espiritualmente activa.

5. Detengámonos primero:

¿Cuántas veces nos hemos comprometido en las redes sociales y en vivo y en directo a rezar por alguien? Detente. Sinceramente haz una parada en el día y ofrece esa oración que tantos necesitan de ti. El territorio más difícil de misionar es el propio corazón.

6. Recordemos que no le estamos hablando al aire:

Esta es la tesis que fundamenta este post. Creemos que cuando rezamos pasan cosas, no porque nuestras buenas vibras y deseos se teletransporten, sino porque Dios pone su mirada y atención en nuestros deseos y anhelos; en la generosidad y en la rectitud de nuestros corazones y, si es su voluntad, nos concede las gracias que tanto le pedimos.  Es con Dios con quien entablamos esta conversación. Creer en esto, ponerlo en práctica y confiar en la respuesta de Dios, es un don que no debemos dejar de compartir.
¡A rezar!

 Sebastian Campos : Catholic-link.com 

Ciao.

lunes, 19 de junio de 2017

No te quedes Señor


NO TE QUEDES, SEÑOR
en la soledad de un templo vacío
y, en esta hora, más que nunca
desciende a los áridos y complicados caminos
donde se debate el presente y el futuro del hombre.
Baja, Señor, y comparte
la existencia de aquellos que buscan,
en la vida y con su vida,
una razón para nunca perderte.

NO TE QUEDES, SEÑOR
en el silencio que algunos pretenden imponerte:
¡Habla! ¡Bendice! ¡Camina junto a nosotros!
Nunca, como hoy, el mundo vacío
necesita llenarse de algo con Alguien
No permitas, Señor, que tu Cuerpo se haga invisible
después de haberte multiplicado
en la gran mesa de tus invitados.
No permitas, Señor, que tu Sangre
quede paralizada por la vergüenza
y la falta de valentía, de aquellos
que decimos creer y seguirte.
No permitas, Señor,
que tu Palabra quede enmudecida
por otras que son falsas y que no conducen a nada.

QUÉDATE CON NOSOTROS, SEÑOR
Sin tu Eucaristía, el corazón se enfría
Sin tu Palabra, el pensamiento
se racionaliza y endurece
Sin tu presencia, se hace menos fraterno
y más egoísta el caminar de cada jornada
¡Quédate, Señor, con nosotros!
Bendícenos en esta mañana radiante y jubilosa
Penétranos con un nuevo afán evangelizador
Llénanos de vitalidad evangélica
Danos y auméntanos el gusto por la Eucaristía
¡Quédate, Señor, con nosotros!
Haz que, cada plaza y cada calle,
por donde Tú hoy caminas
sean una llamada a no dormir
el mensaje de salvación que nos traes.
Hoy, prometemos ante tu custodia, Rey de reyes:
ser tu cuerpo allá donde alguien necesite tu mano
ser tu Palabra, allá donde brote el desaliento
ser tu rostro, donde exista el absurdo y el sin sentido

HOY, ANTE TU ALTAR SEÑOR
déjanos prometer aquello que nos falta
para ser auténticos miembros de tu pueblo;
déjanos convencernos que, con la Eucaristía,
es como más y mejor se viven los ideales
de una nueva humanidad.
Pues bien sabemos, Señor,
que la Eucaristía es mirada hacia el cielo
para desbordarse luego, amando, hacia la tierra.
Haz, Señor, que nuestros corazones
queden, ante la grandeza de tu presencia,
tocados por tu gracia, iluminados por tu luz,
fortalecidos por tu pan, ilusionados con tu Palabra,
y dispuestos a abrirse ante aquellos hermanos
y situaciones que nos reclaman.
Hace un momento, Señor, nos has recordado:
“esto es mi cuerpo” “ésta es mi sangre”
haz, que nunca olvidemos, que también nosotros
estamos llamados a ser tu cuerpo
y también tu sangre,
en esta realidad que nos toca vivir.
Quédate con nosotros, Señor.
Amén.

Javier Leoz Ventura

Ciao.

domingo, 18 de junio de 2017

Corpus Christi



Celebramos en estos días, en la liturgia de la Iglesia, el Corpus Christi. En ella conmemoramos la presencia sacramental de Jesús resucitado en medio de nosotros.
Esta fiesta nos invita a acercarnos a la Eucaristía y descubrir en ella la fuerza salvadora de nuestra fe. La invitación del Señor, “haced esto en memoria mía” (Lc 22,19), mantiene viva su memoria en medio de nuestra comunidad y actualiza en nuestro mundo su redención, “cada vez que comemos de ese pan y bebemos de ese cáliz”. 
Al mismo tiempo Él, que se parte y comparte con todos, nos invita a partirnos y compartirnos en el servicio a los demás, especialmente los más pequeños, los frágiles, los que no tienen pan.
La eucaristía nos hermana, nos invita a compartir solidariamente el pan de cada día, el pan de nuestras vidas y de nuestra historia. Nos lanza a sembrar vida en nuestro mundo para alimentar con esperanza la vida del que sufre. Dichosos nosotros invitados a compartir esta comida.

Espiritualidad Ignaciana

Ciao.

sábado, 17 de junio de 2017

¿Tienes fe para repartir?



¿Puedes dar a otros esa fe, esa visión de la vida, ese amor a Dios que tú tienes?
¿Tienes fe para repartir, es decir, tienes tanta abundancia que te sobra, y, por consiguiente, puedes dar a otros esa fe, esa visión de la vida, ese amor a Dios que tú tienes? ¿O es una fe que apenas te alcanza?

Como cuando uno va a comprar en el mercado, y se le antoja llevarse muchas cosas; pero, a la hora de sacar la cartera, se da cuenta de que no le alcanza, y empieza a dejar un objeto aquí, y luego otro, y luego otro, y se lleva solamente unas cuantas cosas porque no le alcanza el dinero.

¿Eres tú de ésos? ¿De los que son católicos a ratos? Quizás el domingo un momento. Quizás en algún evento especial de la vida. Pero luego hay horas, días y meses en que parece que ya no crees. Parece que no tienes un fuerte sostén espiritual. Parece que andas sin brújula en la vida.

Se necesita hoy gente que esté llena, llena de esa fe, llena de ese amor, llena de esperanza para repartir; porque hay más pobres, más mendigos del espíritu que mendigos de un pedazo de pan. Hay mucha hambre de fe, mucha hambre de Dios, y se requiere gente que la tenga en abundancia para repartirla.

Cuando el nivel de fe baja en el mundo, sube el nivel de la desesperación. ¿Por qué habrá hoy tantos desesperados?

P Mariano de Blas LC 

Ciao.