sábado, 9 de diciembre de 2017

La libertad da vértigo


La tentación de someterse es tan engañosa, y tan real… Al pensamiento único –único para cada grupo, ideología o color- que no permite disensiones, objeción o autocrítica. Someterse a las consignas de líderes que, por atracción o por miedo al castigo, consiguen que no brille todo lo que cada uno de nosotros lleva dentro, porque solo puede haber un brillo, una luz, una consigna.

Hay sumisiones forzosas, obligadas, que se consiguen bajo amenaza o presión. Hay otras sutiles, envolventes, que se consiguen por seducción. Y así, se va generando todo un mundo de amos y esclavos, gente que manda, y gente que termina encadenada -con cadenas de hierro o de seda-. Dictadores virtuales que utilizan las redes para ridiculizar, anular, herir y silenciar. Líderes políticos que ejercen aquello de quien no es de los míos es un enemigo a batir. Fundamentalistas religiosos para quienes todo lo que no sea ortodoxia es relativismo. Adalides del pensamiento políticamente correcto que desautorizan a cualquiera que no piense como ellos, porque es más fácil etiquetar al otro que pensar que quizás en algo pueda tener razón.

Y es que es cómodo sentirse parte de algo, sentirse reconocidos por un grupo de iguales, sentirse seguros en un mundo de respuestas fáciles para cada uno. Lo difícil es la libertad verdadera. La que está dispuesta a buscar. La que se tiene que pelear con encontrar un lugar en el mundo que no está perfectamente señalado en mapas, guías o manuales de autoayuda. La que está dispuesta a mirar al otro con verdadera curiosidad, consciente de que el otro es otro, y es distinto a mí, y difícilmente puede entrar en mis categorías preconcebidas, aunque eso me pueda generar más incertidumbre. La que, sobre la fe, siempre tiene preguntas. La libertad da vértigo. Pero también es el camino para volar.

José María Rodriguez Olaizola, SJ

Ciao.

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